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28 julio 2010

El soldado

Si muero, piénsenme sólo así:
Que un rincón de un campo lejano
por siempre Inglaterra es. Habrá ahí,
en esa buena tierra escondido, un polvo mejor.
Polvo a quien Inglaterra llevó, formó, iluminó,
dio, una vez, sus flores para amar, caminos que vagar.
Un cuerpo de Inglaterra, que aire inglés respiró,
bañado por las aguas, bendito por los soles de su hogar.

Y piensen, este corazón, libre de todo mal,
un pulso en la mente eterna, nada menos
corresponde en algún lugar a los pensamientos de Inglaterra:
Sus paisajes y sonidos; sueños de días plenos;
y risa de amigos, contagiada; y tranquilidad,
de corazones en paz, bajo un cielo inglés.

Rupert Brooke, The Soldier, 1914 ———
Versión de Adela Ramos ——



31 agosto 2009

Cuando se usa bien el español

Ni el último ni el primero
el más dulce y elegante
ni demasiado sincero
ni cortito en lo tunante.

Ni valiente ni prudente
para decirte te quiero
no quieras ser el más guapo
entre todos los morenos.

El amor es el agüita
que me alivia del desierto
vente y aprende conmigo
no quieras ser mi maestro.

No te hace falta estatura
la tiene ya tu persona
tengo una sombra chiquita
que se cobija en tu sombra.

Esta hora de los besos
en que por ti me daría
a tu capricho y merced
hasta las claras del día
no te hacen dueño, mi vida
de las otras veintitrés.
Pero sabes que son tuyas
si tu las quieres tener.

Y yo ni dama ni dueña
ni juguetito a tu antojo
yo quiero ser la candela
que han encendido tus ojos.
Ni discreta ni celosa
ni hembra que se equivoca
ni corta ni perezosa
para perderme en tu boca.

Esta hora de los besos
en que por ti me daría ...
—Javier Ruibal, Esta hora de los besos, —————
interpretado por Mónica Molina en Tu Despedida, 1999 —————

16 enero 2008

Desiderata

Camina plácido entre el ruido y la prisa
y piensa en la paz que se puede encontrar en el silencio.
En cuanto sea posible y sin rendirte,
mantén buenas relaciones con todas las personas.
Enuncia tu verdad de una manera serena y clara
y escucha a los demás, incluso al torpe e ignorante,
también ellos tienen su propia historia.

Esquiva a las personas ruidosas y agresivas,
ya que son un fastidio para el espíritu.
Si te comparas con los demás, te volverás vano y amargado,
pues siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que tú.
Disfruta de tus éxitos lo mismo que de tus planes.
Mantén el interés en tu propia carrera
por humilde que sea, ella es un verdadero tesoro
en el fortuito cambiar de los tiempos.

Sé cauto en tus negocios pues el mundo está lleno de engaños,
mas no dejes que esto te vuelva ciego para la virtud que existe.
Hay muchas personas que se esfuerzan por alcanzar nobles ideales.
La vida esta llena de heroísmo.
Sé sincero contigo mismo, en especial no finjas el afecto
Y no seas cínico en el amor,
pues en medio de todas las arideces y desengaños,
es perenne como la hierba.
Acata dócilmente el consejo de los años
abandonando con donaire las cosas de la juventud.
Cultiva la firmeza del espíritu,
para que te proteja en las adversidades repentinas.
Muchos temores nacen de la fatiga y la soledad.
Sobre una sana disciplina, se benigno contigo mismo.
Tú eres una criatura del universo.
No menos que las plantas y las estrellas,
tienes derecho a existir.

Y sea que te resulte claro o no,
indudablemente el universo marcha como debiera.
Por eso debes estar en paz con Dios
cualquiera que sea tu idea de El.
Y sean cualesquiera tus trabajos y aspiraciones,
conserva la paz con tu alma en la bulliciosa confusión de la vida.
Aún con toda su farsa, penalidades y sueños fallidos,
el mundo es todavía hermoso.

Sé cauto, ¡esfuérzate por ser feliz!
Max Ehrmann, 1927 —————
Terre Haute, Indiana —————

13 mayo 2007

10 de mayo, 1975

Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre
porque se detendría la muerte y el reposo.

Tu voz, que es la campana de los cinco sentidos,
sería el tenue faro buscado por mi niebla.

Cuando sepas que he muerto di sílabas extrañas.
Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta.

No dejes que tus labios hallen mis once letras.
Tengo sueño, he amado, he ganado el silencio.

No pronuncies mi nombre cuando sepas que he muerto
desde la oscura tierra vendría por tu voz.

No pronuncies mi nombre, no pronuncies mi nombre,
Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre.

Sit terra tibi levis, Poeta.

25 diciembre 2006

In hoc Anno Domini

Cuando Saúl de Tarso partió en su viaje a Damasco, todo el mundo conocido vivía conquistado. Había un estado, y era Roma. Había un amo de todo, y él era César Tiberio.

Por todas partes había orden civil, porque el brazo de la ley romana era largo. Por todas partes había estabilidad, en gobierno y en sociedad, porque los centuriones así lo garantizaban.

Pero por todas partes había también algo más. Había opresión --para aquellos quienes no eran los amigos de César Tiberio. Había cobrador de impuestos para poder cosechar el grano de los campos y para hilar el lino del huso: para alimentar las legiones o para llenar la hacienda pública con la cual el César divino entretenía a la gente. Había reclutador para llenar de gladiadores los circos. Había verdugos para callar a quienes el emperador había proscrito. ¿Para qué era un hombre sino para servir a César?

Había persecución de los hombres que se atrevían a pensar diferentemente, que oían voces extrañas o leían extraños manuscritos. Había esclavizamiento de los hombres cuyas tribus no provenían de Roma, desdén para quienes no tenían el aspecto familiar. Y sobretodo, había por todas partes un desprecio de la vida humana. ¿Qué era, para el poderoso, un hombre más o menos en un mundo sobrepoblado?

Entonces, de repente, hubo una luz en el mundo, y un hombre de Galilea, diciendo, dá a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios.

Y la voz de Galilea, que desafiaría a César, ofreció un nuevo Reino en el cual cada hombre podría caminar con la frente en alto y postrarse a ninguno excepto a su Dios. Como trataste a los más pobres, así me trataste a mí. Y él envió este evangelio del Reino del Hombre a los extremos de la tierra.

Y así la luz entró en el mundo y los hombres que vivían en oscuridad tuvieron miedo, e intentaron bajar una cortina de modo que el hombre continuase creyendo que la salvación emanaba de los líderes políticos.

Pero ocurrió durante algún tiempo en lugares diversos que la verdad liberó al hombre, aunque los hombres de la oscuridad intentaron apagar la luz. La voz dijo, apresuraos. Caminad mientras tenéis luz, a menos que os caiga la oscuridad, porque quienes caminan en oscuridad no saben donde van.

En el camino a Damasco la luz alumbró brillantemente. Pero después Pablo de Tarso también tuvo miedo. Él temió que otros Césares, otros profetas, podrían un día persuadir a los hombres que el hombre no era nada excepto un trabajador de ellos, que los hombres cederían sus derechos otorgados por Dios a cambio de pan y circo y ya no caminarían en libertad.

Entonces podría darse que la oscuridad triunfaría nuevamente sobre las tierras y habría quemar de libros y los hombres pensarían solamente de lo que deben comer y de lo que deben usar, y prestarían atención solamente a Césares nuevos y a falsos profetas. Entonces podría darse que los hombres no mirarían hacia arriba para ver incluso a la estrella del invierno en el este, y una vez más, no habría luz alguna en la oscuridad.

Y por eso Pablo, el apóstol del Hijo del Hombre, habló a sus hermanos, los Gálatas, las palabras que él quiso que recordásemos luego en cada uno de los años de su Señor:

Aferraos entonces a la libertad con que Cristo nos ha liberado y no os enredéis nuevamente bajo el yugo de la esclavitud.


Este editorial fué escrito en 1949 por Vermont Royster y el Wall Street Journal lo ha publicado anualmente desde entonces, el día de Navidad.

04 septiembre 2006

Steve Irwin

Mi vela arde en ambos cabos;
No durará la noche;
Pero ay, mis enemigos, y oh, mis amigos--
¡Brilla con luz tan intensa!

–Edna St. Vincent Millay, A Few Figs from Thistles, 1920


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23 mayo 2006

Él custodió para nosotros el tiempo que le tocó

Gracias, Roque, que nos dejaste esos hermosos panoramas. Sit terra tibi levis.